Por: Javier Rodríguez Perera (Carales WP)

El 23 de agosto de 2019, medios de prensa digitales de Navarra, España, anunciaron el fichaje del polista cubano Giraldo Carales con el CW Navarra, perteneciente a la División de Honor ibérica o Liga Premaat, por cuestiones de patrocinio.

Por ese entonces Giraldo había divulgado su retiro de la selección nacional antillana, con 31 años, después de tener en los Juegos Panamericanos de Lima 2019 un torneo que recordará por los siglos de los siglos, al terminar líder goleador.

Luego de defender el team Cuba durante casi 15 años, el agramontino emprendió la aventura de jugar por primera vez en el waterpolo profesional europeo. Actualmente participa en su segunda temporada en el circuito español, junto al granmense Rafael Contreras, ambos con el CW Navarra.

La idea de desempeñarse en un club profesional nació unos meses antes de Lima 2019, cuando le preguntó a un jugador portugués cómo podía insertarse en Europa. Este le facilitó el contacto de un amigo y así empezó todo. Envió su currículum y algunos videos. En ese entonces solo quedaba esperar y cruzar los dedos. En una base de entrenamiento en México recibió un correo electrónico. Su preparador actual, Manel Silvestre, le informaba la voluntad de contar con sus servicios. Un tiempo después se incorporó al equipo navarro, cuando la campaña 2019-2020 había comenzado.

Desde España, el delantero de 94 kilogramos y 1.91 metros, hermano de Raydel Carales, hoy entrenador del equipo cubano y exjugador, accedió a conversar sobre su paso por la selección nacional, su familia y lo competitivo que se volvió gracias al waterpolo.

Giraldo Carales durante los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011. Foto Cortesía del entrevistado

—Tu hermano ha sido una de las principales inspiraciones en tu carrera deportiva…

«Él siempre ha sido como mi padre, porque yo soy algo regado y distraído, y él era quien me encaminaba y me aconsejaba. Me daba mucha seguridad tenerlo a mi lado y que fuera mi referente. En los entrenamientos Raydel era muy entregado y eso me motivaba a hacerlo fuerte yo también. En el juego teníamos mucha química y nos complementábamos, él era muy ofensivo y yo más versátil, eso hacía que pudiéramos jugar juntos porque yo le tapaba sus debilidades y él las mías.

«Cada vez que se desmarcaba, sabía que tenía el pase porque yo se lo ponía en la mano. Nosotros tenemos una empatía muy difícil de lograr, hemos estado juntos desde pequeños, hasta el punto de él empezar una frase y yo terminarla. Fue algo increíble tenerlo a mi lado durante mi paso por la selección nacional, pero también fue una lástima no poder disfrutarlo más tiempo en las piscinas. Cuando mejor forma deportiva y más peso teníamos en el equipo, se enfermó y no pudo seguir. Mi hermano y yo somos uno».

—Más de una década en el equipo nacional. Seguramente viviste momentos de gran importancia para ti y tu selección.

«Sí, te hablaré de tres. El primero fue cuando mi hermano integró el equipo para su primer viaje fuera de Cuba. En la preselección había 24 atletas, más los invitados, todos de un buen nivel. El conjunto tenía una calidad increíble, los viajes internacionales para competir eran escasos, y apareció uno para Venezuela. Se hizo un corte de 17 jugadores, en el que caí yo y mi hermano no. A mí me alegró esa noticia, pero me dolió más saber que él no estaba.

«Faltando casi 19 días para que dijeran el equipo definitivo, yo me lesiono de un hombro y no podía entrenar en agua y eso me afectó a la hora de ser elegible, por lo que incluyerona mi hermano entre los 17. El día que anunciaron el roster, compuesto por 13 polistas, el último nombre que mencionaron fue el de Raydel, y escucharlo me provocó demasiada felicidad. Todavía me erizo cuando lo recuerdo, fue uno de los momentos más alegres de mi vida y lo disfruté más que si hubiese sido yo el elegido. Fue el premio de tanto esfuerzo.

«El segundo fue cuando anunciaron el elenco rumbo a los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011. Éramos tres atletas optando por una plaza. Yo estaba entrenando como nunca, súper fuerte, jugando muy bien, y de pronto viene un pez gordo del equipo y le dice a mi hermano: “dile a Giraldo que le ponga, que lo veo quedado”. Él me hizo llegar esa información con los ojos aguados, y le respondí: “tranquilo, yo soy un animal”. Al momento nos abrazamos.

«A partir de ahí le puse el doble a la preparación y al final, cuando hicieron público el equipo, nombraron a Raydel, quien ya era titular, y después me mencionaron a mí. Eso fue una locura, tenía una emoción muy grande, salí de la sala y fui casi corriendo a llamar a mis padres para contarles que los dos conformamos la selección cubana.

«El tercer momento está vinculado al espíritu goleador que siempre he tenido. En mis primeros Juegos Panamericanos tuve una situación con mi entrenador, a quien considero un padre, y eso me bloqueó psicológicamente. En ese torneo no pude anotar ningún gol.

«En esas vacaciones me prometí ser líder goleador en los Panamericanos de Toronto, en 2015. Eso fue en 2011 y cuatro años después finalicé segundo entre los artilleros, con 15 perforaciones, una menos que el puntero. Pero no me conformé con esa actuación y de cara a la cita continental de Lima, en 2019, me preparé muchísimo, como nunca, de hecho me costó en mi vida personal, pero afortunadamente todo se arregló.

«Me puse metas, una fue nadar más rápido y hablé con mi entrenador, Tino Urgellés, para poder prepararme con los muchachos de natación en las mañanas y en las tardes con mis compañeros de polo acuático. Él aceptó. Entrené para nadar 50 metros libre y obtuve la medalla de plata en la Copa Marcelo Salado; también logré la presea de oro en el relevo. Igualmente me propuse estar más fuerte, planifiqué con un amigo unas rutinas de pesas y aumenté entre 10 y 15 kilogramos mis pesos máximos.

«Cuando llegaron los Juegos Panamericanos sentía tremenda confianza para poder conseguir mi objetivo. Por suerte toda la entrega no fue en vano, pues terminé líder anotador del evento, con 27 goles en seis juegos, cuatro más que un jugador estadounidense, entre los mejores del mundo. Conquistamos la quinta posición».

—El polo acuático es parte de tu vida incluso fuera de las piscinas. Tu pareja, Lisbeth Santana, también fue miembro de la selección cubana femenina.

«Mi esposa es mi apoyo, nos complementamos muy bien. Somos pareja desde los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, a partir de entonces caminamos juntos en todas nuestras batallas. Ella y mi hija son mi razón de ser. Gracias a nuestro amor pudimos mantener el deporte con la bendición de ser padres. Esto, unido al respaldo de nuestras familias, que han sido incondicionales en cada instante.

«Lisbe y yo nos damos fuerza, porque por diferentes razones en algunos momentos nos cansábamos y uno decía “hasta aquí, no entreno más”, mientras el otro apoyaba.  Así pudimos terminar los Panamericanos de Lima. Pero valió la pena todo lo sufrido, el sacrificio de llevar y recoger a la niña en el círculo y después entrenar con ella. Disfrutamos cada torneo, cada medalla, mientras representamos a la selección cubana. «Actualmente ambos jugamos en el waterpolo profesional de España y estamos dispuestos a defender a nuestro país en cualquier certamen internacional cuando nos convoquen. Todo lo que hacemos es por esa nena linda, ella está aquí y nos da energías para no parar. Ainhoa es lo más lindo que nos ha pasado. La mejor medalla, el mejor gol».

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